Sermones de San Bernardo de Claraval

viernes, 31 de enero de 2014

ADAPTARSE AL MEDIO

Cuenta una historia taoísta que un anciano cayó accidentalmente en los rápidos del río llevándolo a una alta y peligrosa cascada. Los espectadores temieron por su vida. Milagrosamente, salió vivo e ileso, río abajo al final de la cascada. 

La gente le preguntó cómo logró sobrevivir. “Yo me adapté al agua, no el agua a mí. Sin pensar, me dejé moldear por el agua. Hundiéndome en la corriente, salí con la corriente. Así es cómo sobreviví”.

(Algunas versiones describen a Confucio como testigo de este suceso. También, en algunas versiones, el anciano explica cómo ha estado saltando en la cascada, de la misma forma, desde que era un niño.)

jueves, 30 de enero de 2014

RENUNCIAR A LOS BIENES

Un hermano había renunciado al mundo, distribuyó sus bienes a los pobres, pero se reservó una pequeña parte. Vino el abad Antonio, que había tenido conocimiento de ello y le dijo: «Si quieres hacerte monje, vete a ese pueblo, compra carne, cubre con ella tu cuerpo, y vuelve». El hermano lo hizo así y los perros y los pájaros le desgarraron el cuerpo. De vuelta ante el anciano, éste le preguntó si había hecho lo que le había mandado. Y al mostrarle su cuerpo destrozado, san Antonio le dijo: «Los que renuncian al mundo y quieren tener dinero, cuando los demonios les atacan los despedazan de este modo».

miércoles, 29 de enero de 2014

CONCIENCIA PLENA

Después de diez años de aprendizaje, Tenno alcanzó el rango de profesor de Zen. Un día lluvioso, fue a visitar al famoso maestro Nan-in. Cuando entró, el maestro lo saludó con una pregunta, “¿Usted dejó sus zuecos de madera y paraguas en el pórtico?”. “Sí”, contestó Tenno.

“Dígame”, continuó el maestro, “¿usted colocó su paraguas a la izquierda de sus zapatos, o a la derecha?”. Tenno no supo la respuesta, y se dio cuenta que todavía no había logrado tener conciencia plena. Así que se convirtió en aprendiz de Nan-in y estudió con él por diez años más.

lunes, 27 de enero de 2014

EL JARRÓN Y LA PUERTA

Bokuden, gran Maestro de sable, recibió un día la visita de un colega. Con el fin de presentar a sus tres hijos a su amigo, y mostrar el nivel que habían alcanzado siguiendo su enseñanza, Bokuden preparó una pequeña estratagema: colocó un jarro sobre el borde de una puerta deslizante de manera que cayera sobre la cabeza de aquel que entrara en la habitación.

Tranquilamente sentado con su amigo, ambos frente a la puerta, Bokuden llamó a su hijo mayor. Cuando éste se encontró delante de la puerta, se detuvo en seco. Después de haberla entreabierto cogió el vaso antes de entrar. Entró cerró detrás de él, volvió a colocar el jarro sobre el borde de la puerta y saludó a los Maestros.

- Este es mi hijo mayor - dijo Bokuden sonriendo -, ya ha alcanzzado un buen nivel y va camino de convertirse en Maestro.

A continuación llamó a su segundo hijo. Este deslizo la puerta y comenzó a entrar. Esquivando por los pelos el jarro que estuvo a punto de caerle sobre el cráneo, consiguió atraparlo al vuelo.

- Este es mi segundo hijo - explicó al invitado -, aún le queda un largo camino que recorrer.

El tercero entró precipitadamente y el jarro le cayó pesadamente sobre el cuello, pero antes de que tocara el suelo, desenvainó su sable y lo partió en dos.

- Y este - respondió el Maestro - es mi hijo menor. Es la vergüenza de la familia, pero aún es joven.

domingo, 19 de enero de 2014

UN BUDISTA QUE LEÍA LA BIBLIA

Uno de los monjes del maestro Gasan visitó la universidad en Tokio. Cuando volvió, le preguntó al maestro si había leído alguna vez la Biblia Cristiana. "No", contestó Gasan, "por favor, léame algo de ella." 

El monje abrió la Biblia en el Sermón en el Monte que aparece en San Mateo, y comenzó a leer. Después de leer las palabras de Cristo sobre los lirios en el campo, calló. 

El maestro Gasan estuvo silencioso durante un buen rato. 

"Sí", finalmente dijo, "quien quiera que haya pronunciado estas palabras es un ser iluminado. ¡Lo que me ha leído es la esencia de todo lo que he estado tratando de enseñarles aquí!"

sábado, 18 de enero de 2014

LA POSADA


- “¿Qué quiere?”, preguntó el rey, reconociendo inmediatamente al visitante.

- “Quisiera un lugar para dormir en esta posada”, contestó el maestro.

- “Pero esta no es una posada”, dijo el rey, “es mi palacio”.

- “¿Puedo preguntar quién era el dueño de este palacio antes de usted?”

- “Mi padre. Él está muerto”.

- “¿Y quien era el dueño antes de él?”.

- “Mi abuelo. Él también está muerto”.

- “¿Y este lugar en donde la gente vive por un corto tiempo y después se muda, acaso le oí decir que no es una posada?”

viernes, 17 de enero de 2014

BEBER VINO

Decían del abad Macario que cuando descansaba con los hermanos se había fijado esta norma: si había vino, bebía en atención a los hermanos, pero luego por cada vaso de vino pasaba un día sin probar agua. Y los hermanos, pensando que le daban gusto, le ofrecían vino. Y el anciano lo tomaba con alegría para mortificarse después. Pero uno de sus discípulos que conocía su norma, dijo a los hermanos: «Por amor de Dios, no le deis vino, que luego se atormenta en su celda». Cuando los hermanos lo supieron nunca más le dieron vino.